Vigorexia y alimentación: cómo influye

Cada vez es más común escuchar hablar de personas que pasan muchas horas en el gimnasio y cuidan al máximo lo que comen para ganar músculo. Hacer ejercicio y llevar una alimentación equilibrada es algo positivo. El problema aparece cuando esa preocupación se vuelve excesiva y empieza a afectar a la vida diaria. En esos casos podemos estar ante la vigorexia, un trastorno que va más allá de querer verse en forma.

Vigorexia: qué es

La vigorexia es un problema relacionado con la imagen corporal. La persona que la sufre se ve pequeña o poco musculada, aunque objetivamente tenga un cuerpo fuerte y desarrollado. No se trata de vanidad, sino de una percepción distorsionada de su propio físico. Por mucho músculo que gane, nunca se ve suficiente.

No tiene una única causa. Influyen la presión social por tener un cuerpo musculado, los modelos que se ven en redes sociales o en algunos entornos deportivos, y también factores personales como la baja autoestima o experiencias pasadas de rechazo o burlas. En algunos casos, el gimnasio empieza como una forma sana de cuidarse, pero poco a poco se va convirtiendo en una necesidad para sentirse válido o tranquilo.

Entre los síntomas más habituales están entrenar de forma compulsiva, incluso con dolor o lesiones, y organizar toda la rutina diaria en función del ejercicio. También es frecuente que la persona se mire constantemente al espejo, se compare con otros y se sienta frustrada si no nota cambios rápidos. Puede haber irritabilidad, aislamiento social y malestar cuando no se puede entrenar o seguir la dieta prevista.

¿Cómo influye la vigorexia en la alimentación?

La forma de alimentación tiene un papel clave en la vigorexia. No es solo una cuestión de “comer sano”, sino de seguir normas rígidas con el objetivo de aumentar músculo y reducir la grasa al máximo. Con el tiempo, la comida deja de ser algo natural y pasa a estar totalmente controlada.

Dietas rígidas y poco flexibles

Muchas personas con vigorexia siguen planes de alimentación muy estrictos. Suelen aumentar mucho el consumo de proteínas y reducir otros nutrientes porque creen que así ganarán más masa muscular. Repiten los mismos alimentos cada día y evitan cualquier comida que no esté dentro de su plan.

El problema no es solo nutricional, sino también mental. Comer fuera de casa, tener una comida familiar o improvisar un menú puede generar ansiedad. Si un día no cumplen la dieta, aparece culpa y sensación de fracaso. Esta rigidez acaba afectando a la vida social y al estado de ánimo. La comida deja de ser vista como forma natural de alimenación y se convierte en una obligación ligada al físico.

Uso frecuente de suplementos

Otro aspecto habitual es el consumo de suplementos como batidos de proteínas, creatina u otros productos destinados a mejorar el rendimiento. En algunos casos pueden estar indicados y ser seguros, pero en la vigorexia se tiende a abusar de ellos sin una valoración profesional adecuada.

Se deposita mucha confianza en estos productos, como si fueran imprescindibles para lograr resultados. Esto puede llevar a gastar grandes cantidades de dinero y, en ciertos casos, a asumir riesgos innecesarios para la salud. Además, el uso de determinadas sustancias para aumentar la masa muscular puede tener efectos secundarios importantes. Todo esto refuerza la idea de que el cuerpo nunca es suficiente y siempre necesita “algo más”.

Relación poco saludable con la comida

La vigorexia también cambia la forma en que la persona se relaciona con la comida. Se analizan al detalle las calorías, los gramos de proteína o el porcentaje de grasa. Comer se convierte en un cálculo constante. Muchas veces ya no se atiende a las señales de hambre o saciedad, sino a lo que marca el plan.

Si se rompe alguna de las normas autoimpuestas, aparecen pensamientos negativos y malestar emocional. Esta tensión constante puede afectar a la autoestima y al bienestar general. A largo plazo, la relación con la comida puede deteriorarse tanto que derive en otros problemas de conducta alimentaria.

Tratamos la vigorexia y cuidamos la alimentación

En Centro Psicología y Mente abordamos la vigorexia teniendo en cuenta tanto la parte emocional como la alimentaria. No se trata solo de cambiar una dieta o reducir horas de entrenamiento, sino de trabajar la imagen corporal, la autoestima y la forma en que la persona se exige a sí misma.

Como centro de psicología, nutrición y psiquiatría en Málaga, ayudamos a recuperar una relación más equilibrada con el ejercicio y la comida, con objetivos realistas y adaptados a cada persona. Nuestro enfoque es cercano y práctico, centrado en mejorar la salud y el bienestar, no solo el aspecto físico.

El tratamiento suele incluir terapia psicológica para trabajar la distorsión de la imagen corporal y la obsesión por el físico. También revisamos los hábitos de entrenamiento y alimentación para hacerlos más flexibles y saludables. En algunos casos, cuando existe ansiedad, depresión u otros problemas asociados, valoramos el apoyo psiquiátrico. Lo importante es intervenir cuanto antes y ofrecer un acompañamiento profesional que ayude a la persona a recuperar el equilibrio en su vida.

Contacta con nosotros, te ayudaremos a tratar la vigorexia.