Se calcula que un porcentaje bastante alto de personas con trastornos de la conducta alimentaria tienen una autoestima baja. Esto no suele aparecer de repente, sino que en muchos casos ya existía antes, aunque no siempre se le daba importancia.
Con el tiempo, esa forma de verse a uno mismo acaba influyendo más de lo que parece y puede ocasionar problemas mayores, como los trastornos de la conducta alimentaria.
Autoestima: qué es
La autoestima es cómo te valoras a ti mismo. Incluye lo que piensas sobre ti, cómo interpretas lo que haces y cómo te sientes con todo eso. No se trata de estar siempre bien, sino de tener una visión más o menos equilibrada.
- Cuando la autoestima está en un punto sano, puedes reconocer tus cualidades y también tus errores sin machacarte. No necesitas compararte constantemente ni depender tanto de la opinión de los demás para sentirte válido.
- En cambio, cuando es baja, la forma de verte cambia bastante. Tiendes a centrarte en lo negativo, a darle más peso a los fallos y a sentir que no es suficiente. Esto muchas veces termina afectando a la relación con el propio cuerpo.
Factores que influyen en una baja autoestima
La autoestima se construye con el tiempo. Influyen mucho las experiencias personales, sobre todo en etapas más tempranas. Las críticas, las comparaciones o la falta de apoyo pueden dejar huella.
También influyen los mensajes sociales sobre el físico, que suelen ser poco realistas. A esto se suman factores personales como el perfeccionismo o la necesidad de aprobación, que hacen que la persona dependa más de su imagen para valorarse.
Relación entre la autoestima y los trastornos alimenticios
La relación entre la autoestima y los trastornos alimenticios no es algo puntual, sino que se va construyendo poco a poco. No se trata solo de que una cosa cause la otra, sino de cómo se conectan y se mantienen en el tiempo.
¿Cómo influye la autoestima en el inicio?
Cuando una persona no se siente bien consigo misma, es más fácil que intente cambiar aquello que cree que “falla”, y muchas veces eso se centra en el cuerpo. A partir de ahí pueden aparecer conductas como restringir la comida, controlar en exceso lo que se come o preocuparse constantemente por el peso.
Detrás de esto suele haber una idea bastante clara: pensar que, si el cuerpo cambia, uno se va a sentir mejor. El problema es que esa mejora no suele ser estable, porque la forma de valorarse sigue siendo la misma.
El papel de los pensamientos y la autoexigencia
La baja autoestima suele ir acompañada de pensamientos muy duros hacia uno mismo. Frases internas como “no es suficiente”, “tengo que hacerlo mejor” o “así no valgo” se repiten con frecuencia.
Esto hace que la persona se exija cada vez más. En el caso de la alimentación, se traduce en normas rígidas, control constante o culpa cuando no se cumplen esas expectativas.
El trastorno mantiene el problema
Cuando el trastorno ya está presente, la autoestima suele empeorar. Aparecen sentimientos de culpa, vergüenza y frustración, sobre todo cuando la persona siente que pierde el control.
Además, aunque haya cambios en el cuerpo, la satisfacción dura poco o directamente no aparece. Siempre hay algo que no gusta o que se quiere mejorar. Esto hace que el problema se mantenga en el tiempo.
Al final, se crea un círculo complicado: cuanto peor se siente la persona, más intenta controlar la comida, y cuanto más lo hace, peor se siente después.
¿Cómo se trata la autoestima con alguien que padece un trastorno alimenticio?
El trabajo no se centra solo en la comida, sino en entender qué hay detrás. De esta manera, se aborda cómo la persona se ve a sí misma, qué pensamientos tiene y cómo le afectan en su día a día. También se trabajan herramientas para gestionar emociones sin depender de la comida y para reducir la autocrítica, con el objetivo de que la autoestima sea más estable y no dependa tanto del cuerpo.
En Psicología y Mente, como centro de psicología, nutrición y psiquiatría en Málaga, trabajamos los trastornos alimenticios desde un enfoque completo. No nos centramos solo en el síntoma, sino en todo lo que lo mantiene, incluyendo la parte emocional y la relación con uno mismo.
Acompañamos a cada persona de forma individual, adaptando el proceso a sus necesidades. Buscamos que no solo mejore la relación con la comida, sino también la forma en la que se ve y se valora, ya que esto es clave en el proceso de cambio.
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